domingo, 21 de abril de 2013

Desmintiendo el mito del gato negro






Según la leyenda,
el mayor tesoro del emperador chino Lyn Hi Tian ,
era su hermosa hija,
que poseía como mascota a un gato negro.
Un día, el animal se escapó,
y el emperador decretó que todos los que viesen pasar
al gato negro y no lo atrapasen serían ahorcados. 
Siendo difícil dar captura al gato, 
y siguiendo al pie de la letra el decreto del mandatario,
surgió la leyenda de que cruzarse con un gato negro 
traería la mala suerte para aquél que se topase con él.




Desde sus primeros contactos con el ser humano el gato no ha pasado desapercibido. Unas veces adorado como un dios y otras demonizado, su forma de ser no deja impasible a nadie, y ello ha hecho que este pequeño felino jamás haya disfrutado de la indiferencia y que haya sido el animal doméstico sobre el que más creencias erróneas se han difundido.

Sin duda alguna, en ello ha influido su carácter enigmático y huidizo, su misteriosa mirada y esa pretendida capacidad para ver en la oscuridad, lo que ha hecho verter sobre él las más increíbles supersticiones. El primer puesto de estos temores irracionales hacia el gato lo ocupa el mito del gato negro. Heredera de las ideas medievales en torno a las brujas, esta superstición aún está bastante extendida entre la población. Pero lo más curioso es que este temor hacia los gatos negros no se fundamenta en ningún rasgo de su comportamiento o carácter, sino únicamente en su aspecto físico. Simplemente se le considera un ser diabólico o surgido de las tinieblas por su color negro y su mirada penetrante, y mucha gente sigue considerándolo un signo de mala suerte al que hay que evitar a toda costa.

Sin embargo, hay muchos otros mitos sobre los gatos que son más perniciosos que lo del gato negro y que están más establecidos en nuestras mentes. Un ejemplo de ello es la idea sobre la hipocresía del gato. Aunque no seamos conscientes de ello, esto se demuestra fácilmente viendo tan sólo el antagonismo tradicional entre perros y gatos, a los que atribuimos siempre cualidades contrapuestas. Es decir, si el perro siempre ha sido considerado un animal fiel, sincero y leal, el gato ha tenido los defectos contrarios, a saber, infidelidad, falsedad e hipocresía. Esto viene de siglos atrás, y parte de la culpa la tuvo el naturalista francés George-Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788 ), que en su obra magna Historia natural compara a perros y gatos y dice que los gatos “están dotados de una malicia innata, de un carácter huidizo y de una natural perversidad”. Aunque es conocido que detestaba a los gatos, muy pronto esta idea se difundió entre la gente, e incluso ha llegado hasta la actualidad.

Son muchos los mitos que se cuentan sobre los gatos y su relación con la mala suerte o el demonio. Sin embargo, al inicio de la historia, los gatos eran animales sencillos sin leyendas alrededor; se dice que fueron los egipcios quienes empezaron con los mitos del gato, a quienes les atribuyeron poderes sobrenaturales por su impresionante capacidad física que les permite caer de pie desde altura en donde otros animales morirían. La idea de los gatos y sus siete vidas proviene de esta etapa.

Pero hay que reconocer que esta idea sobre la hipocresía del gato, aunque falsa, tiene su origen en el comportamiento mismo del felino. Un gato está tranquilamente jugando con la mano de su humano que lo acaricia, y de pronto se revuelve y le muerde o araña. Para mucha gente, este comportamiento es tachado de traición o hipocresía, pero justo antes de atacar el animal ha avisado. Todos los que tienen gato saben que cuando está a punto de atacar muestra unos signos claros, como erizamiento del lomo y plegamiento hacia atrás de las orejas, no obstante, si el gato está tumbado sobre su lomo es difícil percibir estas señales de ataque inminente. Por lo tanto, es erróneo culpar a un gato de hipocresía, ya que los gatos nunca atacan sin preaviso, y el mismo concepto de hipocresía es un concepto humano para un comportamiento humano también, con lo cual no se debe atribuir a los animales. En el ejemplo anterior del gato que muerde la mano con la que jugaba, el comportamiento felino se debe simplemente a un reflejo de autodefensa. Los etólogos no se ponen de acuerdo en aclarar cuál es su origen, pero entre las distintas interpretaciones están la de una herencia de antiguos miedos, cuando la mano del hombre era tenida como amenazante, el recuerdo de una agresión tenida con anterioridad, o incluso un repentino cambio de humor, o sea, que el gato se haya hartado de jugar y quiera liberarse de la mano. La cuestión fundamental es que el animal “ha hablado” para decir que ya no quería seguir, y si el humano no sabe “escuchar” a su gato puede llegar a malinterpretar sus señales.

En el mismo concepto de hipocresía entra otro comportamiento peculiar del gato, que comparte con la mayoría de los mamíferos, y es la mirada huidiza. De todos es bien conocida esa actitud del gato de rehuir la mirada de su humano, sobre todo si es largamente sostenida. En muchos animales, este comportamiento significa que las hostilidades están abiertas, y consideran una mirada insistente como una amenaza. Cuando dos gatos se enfrentan comienzan siempre por mirarse largamente, antes de desencadenar la pelea. Por esta razón, los gatos se suelen sentir atraídos por las personas que los detestan e ignoran, y huyen de las que pretenden atraerlos por la mirada. Según el etólogo Desmond Morris, el gato que está “enfadado” da la espalda porque quiere evitar entrar en una situación de conflicto, que seguramente se desencadenaría si aceptara sostener la mirada de su amo.

Hay más mitos curiosos sobre los gatos, como el poder de predecir la lluvia por el movimiento de sus patas. Esta creencia está recogida en los escritos desde la Edad Media, y desde luego es totalmente infundada. Más actual es la creencia de que el gato molesta a su humano cuando habla por teléfono porque se siente celoso, cuando la realidad es que simplemente piensa que su humano le está hablando a él y se cree en la necesidad de responderle. El gato, por supuesto, desconoce totalmente las técnicas modernas. Asimismo, hay que añadir la creencia de que el gato es un animal solitario, cuando la realidad es otra. Los gatos sólo gustan de la soledad en los períodos de caza, ya que sí son cazadores solitarios, pero el resto del tiempo prefieren estar en compañía (bien de gatos o de humanos).

Konrad Lorenz, uno de los padres de la etología, decía que “es imposible pensar que el más orgulloso y el más virtuoso de los animales sea falso”. Por tanto, es inútil achacar a los gatos conceptos humanos, y habría que empezar a pensar que un gato es un gato y que posee sus propios códigos comportamentales y de lenguaje. Comprender esos códigos nos permitirán entenderlo mejor, aunque eso no significa en ningún momento poderlo dominar, pues no es ese el fin.

Para los egipcios, todos los gatos eran considerados dioses, sin embargo quien tenía poderes más allá eran los gatos negros, a quienes consideraban protectores contra las fuerzas oscuras. Pero esta idea positiva cambió con los siglos y, para la edad media, estos felinos fueron relacionados con las brujas, siendo cazados y quemados junto con ellas.

Se decía que estos animales eran los sirvientes, familiares, las mismas brujas o personas transformadas por ellos; sea por las actividades nocturnas que los felinos realizan o por su mirada penetrante (que se hace más profunda en los animales de color negro), los gatos fueron acusados de ser causantes de maldiciones. Si una persona tenía un gato negro en casa era considerado como adorador del diablo y eran perseguidos.

Entre las más conocidas atribuciones está la de traer mala suerte a las personas que se crucen con él; si éste se cruza delante de ti, de derecha a izquierda o a la inversa, significa que te cortará la vida o te interrumpirá tus proyectos. Por el contrario, si el animal se acerca hacia uno, implica que la buena suerte se quedará contigo, pero si se aleja de ti, se la llevará. Se cree que para contrarrestar esto se debe saltar siete veces hacia atrás (de espaldas).

Desgraciadamente, el gato ha sido la principal víctima de esta superstición, con resultados para él a veces trágico.

El gato negro en Europa siempre ha estado marcado por una vieja superstición que se remonta desde mucho tiempo atrás, desde la Edad Media. Pero lo curioso es que esta mentalidad no ha desaparecido con el paso del tiempo, sino que ha permanecido hasta nuestros días, en los que ver un gato negro es para muchos un mal presagio.

El origen de la “negra leyenda” no es por culpa de los propios gatos. La culpa es de absurdas creencias que relacionaban a este tipo de gatos con el maligno. Al principio, el gato era un felino salvaje. En Europa, el gato montés de Eurasia estaba muy difundido. Sus ojos verde dorado le llevaron a ser perseguidos en la Edad Media, al igual que los hombres que tenían ojos verdes o cabellos rojizos, signos (según se pensaba en esa época) de relación con el diablo.

Los Cruzados utilizaron a los gatos para luchar contra las invasiones de ratas negras que ellos mismos habían importado en sus barcos traídas de Oriente. El gato se propagó. Se convirtió entonces en el protector del Hombre porque acababa con las ratas portadores de la peste. Durante las grandes epidemias, el gato era un aliado muy valioso.

Sin embargo, en lugar de reconocerle el mérito de estos gatos, en Europa el gato negro fue relacionado por la Iglesia a creencias diabólicas. Desde la Edad Media, la Inquisición y la Iglesia persiguieron al gato negro, asociándolo con las brujas. La iglesia quería luchar contra los ritos paganos, muy arraigados en la gente, y se inventó la imagen de que el gato era demoníaco. Para la iglesia, simbolizaban el mundo de las tinieblas que alejaba al buen cristiano del camino recto. Difundían que participaba en aquelarres y que era la representación perfecta de Satanás.


Persecución felina



El gato surgió asociado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa. En aquellos tiempos era frecuente extender la idea de divinidad a los animales que acompañaban a los dioses.
Por ello, el gato se convirtió en cabeza de turco de las purificaciones de la Iglesia. De este modo, durante la Edad Media se torturó y dio muerte bárbaramente a miles de seres humanos y a millones de gatos, en el curso de unas persecuciones que fueron activísimas en toda Europa y entraron a formar parte de los rituales cristianos. La Iglesia alentó de tal forma la persecución de los gatos que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos pobres animalitos en las hogueras de la noche de San Juan y la costumbre de festejar el Día de Todos los Santos quemando vivos a los gatos en las plazas públicas.

El aniquilamiento de los gatos implicó a precio carísimo en Europa. La eliminación de los felinos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muerto, apenas sí quedaban pocos ejemplares felinos para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y al parecer, la plaga fue tan devastadora debido al exterminio de los gatos.

En el año 1400, la especie estuvo a punto de extinguirse en Europa. Su existencia se reivindica a partir del siglo XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de tan temibles y desoladoras plagas. A partir del siglo XVIII el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio, y no sólo se utiliza como cazador de roedores e insectos, sino que su belleza lo hace protagonista de cuadros, muy especialmente de los de la escuela inglesa, y de motivos escultóricos. Desde entonces se lo utiliza cada vez más, sobre todo en los centros urbanos, aunque como animal de compañía.

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según la circunstancia o lugar en que naciesen.

Los gatos llevaron una existencia placentera hasta que la Iglesia, hacia mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. En la Edad Media, época de oscurantismo para la especie humana, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Luego los felinos domésticos empezaran a ser víctimas de una despiadada e injusta persecución, originada por la ignorancia y por absurdas supersticiones que relacionaban al animal con determinados ritos diabólicos. La posesión de un gato bastaba para acusar a una persona de brujería y la condena podía considerarse segura si el animal era de color negro.

Durante la edad media europea, comienza una persecución masiva hacia los gatos, se empiezan a asociar los ritos paganos y la figura del demonio con ellos, hasta el punto de que ser poseedor de un felino era motivo suficiente para ser juzgado por practicar brujería. , “todas las personas que acojan un gato negro bajo su techo corren el riesgo de ser condenadas a la hoguera, según reza la bula “Rex in rama” Siglo XIII. 

La iglesia fomentó de tal forma la persecución, que la quema de gatos pasó a ser un espectáculo habitual en algunas festividades como La noche de San Juan. La persecución duró varios siglos.
En 1561, un proceso  acusaba a las mujeres de transformarse en gatas para seguir realizando aquelarres. Estos procesos acababan siempre con la muerte de las acusadas pero también con la de los pobres animales, que eran juzgados como personas.

La iglesia alentó de tal forma la quema de estos pobres animales que llegaron a ser “espectáculos principales” en las hogueras de las noches de San Juan, y su absurdo aniquilamiento fue una de las causas de la brutal expansión de la peste negra en Europa durante el siglo XIV (más de 25 millones de muertos): la ausencia de felinos permitió que el vector de la enfermedad, las ratas, camparan a sus anchas sin predadores naturales que las exterminaran.
Alrededor del S.XVIII, las mentalidades europeas comienzan a evolucionar, aunque lentamente. Esta evolución se debió, sin lugar a dudas, a la importación de Oriente de gatos Angora y gatos Persas. En 1765, se funda la primera escuela veterinaria, una revolución enorme ya que la idea de cuidar a un animal es completamente nueva. El estudio del mundo animal señala el fin de varios siglos de oscurantismo en el que los gatos negros fueron despreciados.

El gato negro en Europa siempre ha estado marcado por una vieja superstición que se remonta desde mucho tiempo atrás, desde la Edad Media. Pero lo curioso es que esta mentalidad no ha desaparecido con el paso del tiempo, sino que ha permanecido hasta nuestros días, en los que ver un gato negro es para muchos un mal presagio. Pero, desgraciadamente, el gato ha sido la principal víctima de esta superstición, con resultados para él a veces trágico. El origen de la “negra leyenda” no es por culpa de los propios gatos. La culpa es de absurdas creencias que relacionaban a este tipo de gatos con el maligno. Al principio, el gato era un felino salvaje. En Europa, el gato montés de Eurasia estaba muy difundido. Sus ojos verde dorado le llevaron a ser perseguidos en la Edad Media, al igual que los hombres que tenían ojos verdes o cabellos rojizos, signos (según se pensaba en esa época) de relación con el diablo.

Los Cruzados utilizaron a los gatos para luchar contra las invasiones de ratas negras que ellos mismos habían importado en sus barcos traídas de Oriente. El gato se propagó. Se convirtió entonces en el protector del Hombre porque acababa con las ratas portadores de la peste. Durante las grandes epidemias, el gato era un aliado muy valioso.
Los felinos no solo cargan a cuestas maldiciones, sino que también se les atribuye poderes para la adivinación. Si el gato se queda mirando hacia afuera a través de la ventana o recostado boca arriba, lloverá; si sueñas con un gato, quiere decir que alguien te va a traicionar.

Las supersticiones sobre al gato negro pasan a formar parte del folclore popular durante la caza de brujas en Salem, Estados Unidos, donde se afianzó la creencia de que las brujas adoptaban la forma de gato negro para deambular por las calles por la noche sin ser reconocidas.


¿Mala o Buena Suerte?




El color negro perjudica mucho a los gatos, porque causa una impresión negativa en los ánimos vulgares. Hace resaltar más el brillo de sus ojos, y esto es suficiente para emparentarlo con los brujos". De esta manera, François Auguste Paradis de Moncrif, en su Historia de los gatos (1927), se refiere al temor suscitado por el gato negro. 

También el escritor Edgar Allan Poe manifiesta su fascinación por los gatos negros en su terrorífico relato homónimo “El gato negro”, donde el felino se ha convertido en la encarnación de la venganza desde ultratumba.

La historia de la brujería en Europa relata un sin número de anécdotas y episodios donde surge un felino. Por ejemplo, en una de estas historias la protagonista, cansada de que un gato se bebiese la leche recién ordeñada todas las noches, esperó al animal y consiguió en su persecución herirle en una pata. Al sentirse herido el animal gritó como un ser humano. Al día siguiente una pobre vieja, considerada como bruja, amaneció herida en una pierna. Y muchos otros cuentos similares existen que ligan el gato a poderes desconocidos.

Se dice que un gato negro augura algo nefasto, si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de “potencial peligro” si dicho gato tiene un lunar blanco en alguna parte de su cuerpo. 


Así, por ejemplo, en España existe la superstición de que ver cruzar un gato negro por delante de nosotros, sobre todo en dirección de izquierda a derecha, nos acarreará una súbita mala suerte. En Francia el infortunio vendrá si se pisa la cola de un gato negro, y si este accidente tiene lugar antes del matrimonio, convendrá aplazar la boda como mínimo un año. En la Gran Bretaña del siglo XIX, sin embargo, el que un gato negro se paseara por delante de unos novios a punto de casarse representaba felicidad y fecundidad para los contrayentes.
Sin embargo, existen pueblos en los que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda es augurio de buena suerte, mientras que en otros es símbolo de desgracias conyugales. 

Se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego. También se cree que tener un gato negro en casa es símbolo de buena fortuna.
Pero no todo son malas noticias. El gato negro en ocasiones ha conseguido desprenderse de su maléfica aura. En Gran Bretaña es el gato blanco el portador de los malos augurios, mientras que el negro es el que traerá la buena suerte al hogar, tal como reza este proverbio: “si negro es el gato de casa, los enamorados nunca correrán riesgos”.
Asimismo, en Kentucky existe la creencia de que la visita de un gato negro a una casa es señal de buena suerte, excepto si decide quedarse, en cuyo caso significaría infortunio.

Similar creencia existía en el pasado en torno a los marineros: consideraban que traía buena suerte tener un gato negro a bordo del navío, aunque no se podía pronunciar la palabra "gato", pues hacerlo acarrearía grandes desgracias en la mar. Tal vez para prevenir esta eventualidad, las mujeres de los marineros solían tener un gato negro en casa para asegurarse de que sus maridos volverían sanos y salvos.


Algunos mitos del Gato Negro:


• Maltratar a un gato trae mala suerte; matar a uno, siete años de mala suerte.

• Si un gato sin motivo aparente abandona una casa y no vuelve, la miseria o la peste reinara en ese hogar.

• Si por el contrario te encuentras un gato, éste te sigue y te “adopta”, tendrás buena fortuna.

• Un gato negro siempre trae mala suerte; un gato blanco buena suerte, excepto que sea de noche.

• Se cree que los gatos pueden predecir la muerte de una persona, así como también las tormentas y los terremotos.

• En la antigüedad se pensaba que la piel y la sangre de los gatos curaban enfermedades.

Los mitos del Gato Negro son solo creencias y supersticiones, ellos son tan fieles, cariñosos y buenas mascotas como cualquier otro gato de otra raza. No dejes de tenerlo en casa como mascota, solo abandona esas ideas y conceptos absurdos.

Como en casi todas las creencias populares, el reverso también es válido. O sea, el gato negro no es un vaticinio nefasto en todo lugar, y en algunas culturas es considerado un elemento de buena suerte. Parece que estas creencias dependen del lugar y la circunstancia de su encuentro.

En algunos países es el gato rojo el prenuncio de mala suerte y no el negro. Existen pueblos en que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda solo puede traer buena suerte, mientras que en otros, el mismo episodio es símbolo de desgracias conyugales. Hay gente que se cree que el gato negro es un talismán que trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego. Y otros piensan que tener un gato negro en casa es símbolo de buena fortuna.


Adoración Felina


En el mundo esotérico, se le reconoce a los gatos un poder mágico infinitamente superior al del hombre. Para entender este mito hay que ‘viajar’ al Antiguo Egipto, donde se pueden encontrar los orígenes del gato.
Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados. El gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. El gran valor del gato como cazador de ratones hizo que los egipcios intentasen y lograsen su convivencia doméstica, pese a lo cual el gato no perdió su status sagrado. La utilidad del gato era exaltada al máximo por los egipcios que estaban convencidos de que los gatos poseían alma.

Con toda probabilidad, esta antigua creencia del poder felino deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, símbolo de belleza y fecundidad, que era representada con cabeza de gato. Fue tal la adaptación del gato a la vida cotidiana de los egipcios, que su muerte era motivo de duelo familiar; Herodoto, en “Los nueve libros de la Historia”, manifiesta que los moradores de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos. Quien se atrevía a matar a un gato era acreedor de la pena de muerte.

Después de egipcios, fueron los griegos a interesarse por los gatos. Este pueblo antiguo, conocedor del valor del gato como cazador de ratones, intentó comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia, pero dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. A pesar de este argumento, los griegos robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.
Más tarde, el valor de los gatos fue ampliamente reconocido por los romanos que apreciaban mucho el espíritu de independencia del felino, hasta el punto que la diosa Libertas era representada junto a un gato, símbolo de absoluta libertad. Incluso se dictaron en Roma severas leyes para su protección en el siglo I d. C.
También hubo disposiciones jurídicas que reconocían la importancia de los gatos en las Islas Británicas, donde, en el siglo X, el príncipe Howel publicó unas normas que fijaban el valor de los gatos y establecían, entre otras cosas, que quien matase a un gato debía indemnizar al propietario del animal con una cantidad de trigo equivalente en altura a la longitud del felino, desde el hocico hasta la punta de la cola. De este modo, se pretendía compensar al propietario del gato por las pérdidas de trigo que, faltando el felino, le ocasionaban los topos.



El gato negro hoy en día


Se podría pensar que todas estas supersticiones forman parte del pasado, pero la herencia de cientos de años de persecución sigue afectando a los gatos hoy.

Existen grupos que realizan rituales satánicos donde el gato negro o blanco es el invitado "involuntario".

En Italia, se celebra El Día del Gato Negro, como forma de desmitificar a este animal, ya que son miles de gatos los que se sacrifican anualmente en este país a causa de la superstición.

No obstante existen algunas tradiciones que asocian los gatos negros a la buena suerte, por ejemplo, hace años en Inglaterra las esposas de los pescadores tenían gatos negros en casa, creían que de esta forma sus maridos regresarían sanos y salvos a casa.
En conclusión, podemos ver que los gatos son muy diferentes a esas imágenes que nos han llegado desde la Edad Media. Ni son hipócritas, ni perversos, ni malignos. No son solitarios, ni portadores de mala suerte, ni adivinos meteorológicos. Son simplemente gatos, y hasta que dejemos de tener esa visión antropomórfica de ellos seguirán persistiendo en la mente humana las ideas equivocadas sobre ellos. Porque un gato es un gato, y en ningún modo es un ser humano.





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